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El embrujo de la piedra cala en todo aquel que conoce esta casa, situada en la falda del Monte Abantos. “Plantada” en la gran roca granítica sobre la cual se alza entre pinos como un ser vivo más. La restauración, desde la cepa de su arquitectura hasta la cubierta del tejado, fue laboriosa y duradera, en tanto que se instalaron “in situ” el taller de cantería junto al de madera, especialmente éste último, para la reconstrucción de las caprichosas cubiertas, que se asemejan a la quilla invertida de un gran barco, cuya madera procediera de las colinas dolomíticas del Cadore. |