En esta casa el jardín y la piscina conviven, a cielo abierto, en la última planta del edificio sobre el espacio más colorista de su interior: el salón-chimenea, la zona de estar (frente a un romántico jardín cerrado) y el comedor de la vivienda, que parecen competir entre sí por adquirir la supremacía del color. Objetos modernos y clásicos sobreviven con dignidad e independencia, pero sometidos a la influencia cromática de los estucos, marmorizados y tapicerías. Destacadas pinturas de autores españoles del arte contemporáneo se imponen, con la pureza de su colorido, en la caleidoscópica atmósfera de esta casa. |
Este jardín ha crecido bajo una filosofía que no admite revocación alguna: el hombre es el guardián, no el dueño, de la Naturaleza. Por tanto, haber mantenido el reservado carácter de aquélla tiene algo de espiritual, en tanto que la reposada consecuencia despierta a las emociones más que al raciocinio. |